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Los Sistemas de Información Geográfica como puente para transmitir conocimiento y fortalecer la comprensión espacial

Dos personas pueden observar el mismo plano y construir interpretaciones completamente diferentes.

Para un ingeniero civil, una serie de curvas de nivel puede revelar de inmediato la forma del relieve, la dirección probable del escurrimiento y las zonas donde una obra requerirá mayores movimientos de tierra. Para un topógrafo, un conjunto de coordenadas puede representar con claridad los vértices, la orientación y la configuración de un predio. Para una persona que no trabaja habitualmente con información geográfica, esos mismos elementos pueden parecer una colección abstracta de números, líneas y símbolos.

La diferencia no significa necesariamente que una persona sea más inteligente que otra. Comprender el espacio requiere combinar percepción, experiencia, conocimiento técnico, memoria, referencias territoriales y familiaridad con determinados lenguajes de representación.

Una persona puede conocer profundamente el territorio donde vive y orientarse mediante caminos, edificaciones, ríos, pendientes o nombres locales, pero tener dificultades para interpretar un sistema de coordenadas. Otra puede comprender un plano técnico con facilidad, aunque no conozca directamente el sitio representado.

El desafío aparece cuando quien posee una comprensión especializada del territorio necesita transmitirla a propietarios, comunidades, autoridades, inversionistas, clientes o responsables de tomar decisiones.

Es precisamente en ese punto donde los Sistemas de Información Geográfica —SIG— adquieren un valor que va más allá del procesamiento de datos. Los SIG pueden convertirse en un puente entre el conocimiento técnico y la comprensión pública, porque permiten expresar territorialmente lo que una persona sabe, relacionarlo con elementos reconocibles y comunicarlo mediante diferentes formas de representación.

La comprensión espacial no se desarrolla de manera idéntica

En 1983, el psicólogo Howard Gardner presentó en su libro Frames of Mind la teoría de las inteligencias múltiples. Dentro de esa propuesta incluyó la denominada inteligencia espacial, asociada con la capacidad de percibir configuraciones espaciales, representar mentalmente objetos y comprender relaciones de forma, posición, orientación y transformación.

La propuesta de Gardner tuvo una influencia considerable en la educación porque cuestionó la idea de que la inteligencia humana pudiera reducirse a una sola capacidad medida mediante pruebas convencionales. Sin embargo, debe utilizarse con prudencia. Diversos autores han cuestionado que las inteligencias propuestas sean facultades completamente independientes y han señalado que la teoría no cuenta con suficiente respaldo psicométrico para presentarse como un hecho científico definitivamente demostrado.

Por esa razón, es preferible utilizar la teoría de Gardner como un marco introductorio para hablar de diversidad cognitiva, sin convertirla en una clasificación rígida de las personas.

En términos más precisos, puede afirmarse que las personas muestran diferentes niveles de experiencia y desempeño en tareas relacionadas con:

  • la orientación;
  • la rotación mental de objetos;
  • la interpretación de mapas;
  • la estimación de distancias;
  • la identificación de patrones;
  • la comprensión de escalas;
  • la representación del relieve;
  • la relación entre elementos distribuidos en un espacio.

Estas capacidades tampoco son inmutables. Pueden fortalecerse con la práctica, la educación, el uso de representaciones adecuadas y la experiencia acumulada.

Por lo tanto, no sería correcto afirmar que todos los ingenieros, arquitectos o topógrafos poseen de manera innata una inteligencia espacial superior. Lo que puede sostenerse con mayor precisión es que su formación profesional les proporciona lenguajes, métodos y herramientas para interpretar sistemáticamente el territorio.

Un topógrafo aprende a relacionar coordenadas con geometrías. Un ingeniero aprende a interpretar pendientes, perfiles y restricciones físicas. Un especialista ambiental aprende a reconocer conexiones entre cobertura, hidrografía, relieve y procesos ecológicos. Un planificador aprende a observar relaciones entre infraestructura, población, movilidad y usos del suelo.

La formación técnica transforma determinadas representaciones en fuentes de significado. Sin esa formación, la información puede seguir siendo correcta, pero no necesariamente comprensible.

Saber algo no significa poder comunicarlo

Conocer un territorio y transmitir ese conocimiento son procesos diferentes.

Una persona puede tener una representación mental detallada de un proyecto, pero esa representación permanece dentro de su experiencia. Cuando intenta compartirla, necesita convertirla en palabras, cifras, dibujos, modelos o referencias que otras personas puedan interpretar.

Un ingeniero puede saber que una alternativa vial es menos conveniente porque atraviesa una ladera inestable, afecta más predios y requiere mayores movimientos de tierra. Sin embargo, si presenta esa conclusión únicamente mediante una tabla de costos o una descripción técnica, es posible que los demás participantes no comprendan completamente la relación entre el trazado y el territorio.

Un propietario puede conocer los límites tradicionales de su terreno mediante referencias como árboles, cercas, quebradas o caminos. Pero esas referencias pueden resultar insuficientes para una entidad que requiere una representación georreferenciada.

Una comunidad puede reconocer perfectamente dónde se inunda una zona durante la temporada de lluvias, aunque esa experiencia no haya sido incorporada a los mapas institucionales.

En todos estos casos existe conocimiento, pero se expresa mediante lenguajes diferentes.

El problema no consiste solamente en recopilar información. Consiste en crear una representación compartida que permita que los distintos actores se refieran al mismo lugar, identifiquen los mismos elementos y comprendan las relaciones relevantes.

Los SIG como instrumentos para exteriorizar el conocimiento

El Servicio Geológico de Estados Unidos define un SIG como un sistema informático capaz de analizar y mostrar información geográficamente referenciada. Esto significa que los datos no se organizan únicamente por sus atributos, sino también por su relación con una ubicación.

Desde una perspectiva técnica, los SIG permiten crear, administrar, integrar, analizar y representar información espacial. Sin embargo, desde una perspectiva comunicativa, permiten algo igualmente importante: exteriorizar una comprensión del territorio.

Un conocimiento que inicialmente existe en la mente del especialista puede transformarse en:

  • un mapa de localización;
  • una imagen con elementos señalados;
  • un modelo tridimensional;
  • un perfil longitudinal;
  • una simulación;
  • una comparación de alternativas;
  • una aplicación interactiva;
  • un tablero territorial;
  • una secuencia temporal;
  • una representación de áreas de influencia.

La representación no reproduce exactamente todo lo que sabe el especialista. Ningún mapa puede contener la totalidad de la realidad. Lo que hace es seleccionar, organizar y mostrar los elementos necesarios para responder una pregunta concreta.

Por ejemplo, para explicar la posible afectación de una carretera, el mapa puede integrar:

  • el trazado propuesto;
  • los predios relacionados;
  • las construcciones existentes;
  • los accesos;
  • los cauces;
  • el relieve;
  • las áreas ambientalmente sensibles;
  • las distancias respecto de asentamientos;
  • las alternativas evaluadas.

La información deja de estar fragmentada en diferentes informes y pasa a formar parte de un mismo contexto espacial.

De los datos aislados a una historia territorial

Una tabla puede ser rigurosa y útil, pero normalmente organiza la información de manera alfanumérica.

Puede indicar que un predio tiene una superficie determinada, que se encuentra a cierta distancia de una vía o que una parte de su área será afectada por un proyecto. No obstante, para un público no especializado, esos valores pueden resultar difíciles de relacionar entre sí.

Cuando los mismos datos se representan espacialmente, el usuario puede comprender:

  • dónde está el predio;
  • cuál es su forma;
  • con qué propiedades colinda;
  • por dónde se accede;
  • qué parte sería afectada;
  • qué existe alrededor;
  • cómo se relaciona con la obra;
  • qué elementos podrían condicionar una decisión.

La información no solo se vuelve visible. Se vuelve contextual.

La contextualización es una de las principales fortalezas comunicativas de los SIG. Permite relacionar un dato desconocido con referencias que el usuario ya comprende.

Una persona quizá no interprete con facilidad una coordenada proyectada, pero puede reconocer que el punto está junto a una escuela, al otro lado de un río o a determinada distancia de una carretera conocida.

Así, los SIG pueden funcionar como mediadores entre dos lenguajes:

  • el lenguaje formal de la medición y el análisis;
  • el lenguaje cotidiano de los lugares, las referencias y la experiencia territorial.

Un lenguaje técnico y sencillo al mismo tiempo

Una de las ventajas de un SIG es que permite conservar la rigurosidad técnica mientras adapta la forma de comunicar los resultados.

La misma base de información puede utilizarse para producir diferentes niveles de representación.

Para un equipo técnico, pueden mostrarse:

  • coordenadas;
  • sistemas de referencia;
  • precisión;
  • escalas;
  • pendientes;
  • superficies;
  • relaciones topológicas;
  • resultados de análisis espacial.

Para una autoridad o un responsable administrativo, pueden destacarse:

  • áreas de influencia;
  • predios afectados;
  • población relacionada;
  • costos territoriales;
  • restricciones;
  • alternativas.

Para una comunidad o un propietario, pueden utilizarse:

  • imágenes de referencia;
  • nombres locales;
  • fotografías;
  • rutas de acceso;
  • edificaciones conocidas;
  • explicaciones sencillas;
  • comparaciones visuales.

Esto no significa que deba ocultarse la complejidad. Significa que el contenido debe organizarse de acuerdo con las necesidades del público.

La comunicación técnica falla cuando simplifica tanto que elimina información esencial, pero también cuando presenta todos los detalles sin considerar si el destinatario puede interpretarlos.

Un buen producto geográfico mantiene dos niveles simultáneos:

1. una base técnica verificable;

2. una expresión visual y narrativa comprensible.

Esri señala que los mapas y tableros pueden comunicar ideas complejas con rapidez y ayudar a construir una comprensión común. Esta afirmación describe una capacidad posible de los SIG, pero no significa que cualquier mapa logre automáticamente ese resultado.

Un mapa no es una copia neutral de la realidad

Hablar de los SIG como herramientas de comunicación exige reconocer que toda representación implica decisiones.

Quien diseña un mapa decide:

  • qué información incluir;
  • qué información omitir;
  • qué escala utilizar;
  • qué colores y símbolos emplear;
  • qué elementos destacar;
  • cómo clasificar los valores;
  • qué fecha representar;
  • qué nivel de precisión mostrar.

Estas decisiones influyen en la interpretación del usuario.

Un mapa puede dar una impresión equivocada si utiliza información desactualizada, una escala inadecuada o una simbología confusa. También puede exagerar diferencias, ocultar incertidumbres o presentar como definitivo un límite que todavía está sujeto a verificación.

Por eso, un SIG no debe considerarse un traductor universal infalible. Es una herramienta de mediación cuyo resultado depende de la calidad de los datos, de la validez del análisis y de la responsabilidad del comunicador.

La representación debe responder preguntas como:

  • ¿De dónde provienen los datos?
  • ¿Cuándo fueron obtenidos?
  • ¿Qué precisión tienen?
  • ¿Qué sistema de referencia utilizan?
  • ¿Qué elementos son observados y cuáles son interpretados?
  • ¿Qué información todavía debe verificarse?
  • ¿Qué decisiones no pueden tomarse únicamente con el mapa?

La transparencia fortalece la confianza. Ocultar las limitaciones puede producir una imagen aparentemente sencilla, pero técnicamente engañosa.

El SIG como espacio común para proyectos de ingeniería

Los proyectos de ingeniería involucran especialistas con diferentes conocimientos: ingeniería civil, topografía, geología, ambiente, hidrología, arquitectura, derecho, economía y planificación, entre otros.

Cada disciplina observa el territorio desde una perspectiva particular.

El topógrafo puede concentrarse en la geometría y la precisión. El geólogo, en los materiales y la estabilidad. El especialista ambiental, en los ecosistemas y los impactos. El abogado, en los derechos, las restricciones y los procedimientos. La comunidad, en los usos cotidianos y en las consecuencias sociales.

El SIG permite que estas perspectivas se relacionen sobre una referencia espacial común.

En el análisis de una carretera, por ejemplo, pueden integrarse:

  • trazados;
  • pendientes;
  • movimientos de tierra;
  • drenajes;
  • áreas protegidas;
  • asentamientos;
  • predios;
  • redes de servicios;
  • costos;
  • alternativas.

El valor no se limita a calcular cuál trazado es más corto. El valor también consiste en mostrar por qué una alternativa produce determinados efectos.

Un responsable político puede comprender visualmente por qué una ruta aparentemente directa implica mayores afectaciones. Una comunidad puede identificar dónde se producirán cambios. Un propietario puede observar qué parte de su predio se relaciona con la obra.

De esta forma, el SIG no solo apoya el diseño. También facilita la deliberación.

Comprender el proyecto antes de decidir sobre él

Una decisión responsable requiere que quienes participan comprendan el problema en términos comparables.

Cuando cada actor imagina el territorio de manera diferente, aumentan las posibilidades de desacuerdo, confusión o expectativas incorrectas.

Por ejemplo, expresiones como “cerca del río”, “en la parte alta”, “junto a la carretera” o “dentro del área del proyecto” pueden tener significados distintos para cada persona.

El SIG permite convertir esas expresiones en relaciones que pueden observarse y medirse:

  • distancia respecto del río;
  • diferencia de elevación;
  • área de influencia;
  • intersección con un predio;
  • ruta de acceso;
  • porcentaje afectado;
  • proximidad a una instalación.

Esto no elimina automáticamente el conflicto. Sin embargo, ayuda a que la discusión se desarrolle sobre una base más explícita.

La función comunicativa del SIG es especialmente importante cuando las decisiones afectan derechos, inversiones o condiciones de vida. Una comunidad no debería limitarse a recibir una conclusión técnica. Debe poder comprender dónde ocurrirá la intervención y cómo se relaciona con su territorio.

La comunicación espacial en la gestión predial

La gestión predial es uno de los campos donde la diferencia entre conocimiento técnico y comprensión pública resulta más evidente.

Un expediente puede contener:

  • títulos;
  • escrituras;
  • certificados;
  • descripciones de linderos;
  • planos;
  • coordenadas;
  • informes;
  • fotografías;
  • antecedentes administrativos.

Sin una integración espacial, estos documentos pueden resultar difíciles de relacionar.

Un SIG permite comparar:

  • la descripción documental;
  • la geometría representada;
  • los elementos observados en campo;
  • los predios vecinos;
  • las construcciones;
  • las ocupaciones;
  • las restricciones;
  • la obra o proyecto analizado.

La actual familia ISO 19152 establece modelos conceptuales para organizar información de administración de tierras y relacionar unidades espaciales con personas, derechos, responsabilidades, restricciones y fuentes documentales. La norma, no obstante, no reemplaza la legislación ni determina por sí misma derechos de propiedad.

Esta distinción es fundamental.

Un SIG puede mostrar que dos geometrías se superponen, pero no determina automáticamente cuál derecho prevalece. Puede representar un lindero observado, pero no necesariamente probar que sea el límite jurídico. Puede apoyar un procedimiento de regularización, pero no legaliza un predio por el solo hecho de georreferenciarlo.

Su función es organizar y comunicar evidencia espacial. La decisión jurídica corresponde a los procedimientos y autoridades competentes.

Traducir sin reemplazar a los especialistas

El uso de representaciones sencillas no elimina la necesidad de conocimiento profesional.

Un modelo tridimensional puede hacer visible una pendiente, pero no sustituye el análisis geotécnico. Un mapa de inundación puede orientar una evaluación, pero no reemplaza un estudio hidrológico e hidráulico. Una capa predial puede mostrar relaciones geométricas, pero no sustituye el análisis registral y jurídico.

La función del SIG consiste en integrar resultados y hacerlos comprensibles, no en reemplazar las disciplinas que los producen.

Esto es importante porque la claridad visual puede generar una falsa sensación de certeza. Una representación puede parecer convincente aunque los datos sean insuficientes.

Por esa razón, todo producto dirigido al público general debería diferenciar claramente:

  • información confirmada;
  • información estimada;
  • escenarios;
  • hipótesis;
  • límites aproximados;
  • elementos pendientes de verificación.

Comunicar de manera sencilla no significa afirmar más de lo que la evidencia permite.

De observador pasivo a participante

Los mapas impresos tradicionales presentan una selección fija de información. Los SIG interactivos permiten que el usuario participe en la exploración.

Una persona puede:

  • acercarse o alejarse;
  • activar y desactivar capas;
  • consultar un predio;
  • medir una distancia;
  • comparar alternativas;
  • revisar fotografías;
  • observar cambios en el tiempo;
  • recorrer virtualmente un proyecto;
  • identificar elementos cercanos.

Esta interacción ayuda a que el usuario no reciba únicamente una conclusión, sino que comprenda progresivamente cómo se relacionan los elementos.

En este sentido, los SIG pueden favorecer procesos de alfabetización espacial. No porque transfieran automáticamente una capacidad cognitiva, sino porque permiten practicar preguntas territoriales:

  • ¿Dónde está?
  • ¿Qué hay cerca?
  • ¿Cómo se conecta?
  • ¿Qué se superpone?
  • ¿Qué cambia?
  • ¿A quién afecta?
  • ¿Qué depende de la escala?

La experiencia repetida con estas preguntas puede fortalecer la capacidad para interpretar información territorial.

La democratización de la geoinformación

Se afirma con frecuencia que los SIG democratizan la información. La expresión es válida únicamente si se cumplen determinadas condiciones.

Publicar un mapa no garantiza que la información sea accesible. Una aplicación puede ser técnicamente avanzada y, al mismo tiempo, resultar incomprensible para la mayoría de los usuarios.

La democratización exige:

  • lenguaje claro;
  • simbología comprensible;
  • acceso tecnológico;
  • información actualizada;
  • metadatos;
  • explicación de incertidumbres;
  • posibilidades de participación;
  • respeto por conocimientos locales;
  • protección de datos sensibles.

También exige interoperabilidad. Los estándares del Open Geospatial Consortium permiten que diferentes sistemas intercambien e integren información geográfica, reduciendo la dependencia de formatos o plataformas cerradas.

Sin embargo, compartir datos no es suficiente. Para que exista conocimiento compartido, las personas deben comprender qué representan, cómo fueron producidos y cuáles son sus limitaciones.

El verdadero puente

Los Sistemas de Información Geográfica no son importantes solamente porque permiten localizar objetos. Su valor más profundo aparece cuando conectan tres dimensiones:

1. el conocimiento que posee una persona o institución;

2. la representación técnica de ese conocimiento;

3. la comprensión que pueden construir otros actores.

Este puente es especialmente relevante en proyectos donde las decisiones dependen del territorio.

El especialista puede tener claridad sobre un problema. El mapa permite exteriorizar esa claridad. La explicación permite contextualizarla. La participación permite confrontarla con otras experiencias.

De esta manera, el conocimiento deja de circular en una sola dirección. La comunidad también puede aportar lugares, recorridos, usos y acontecimientos que no estaban representados en la información institucional.

El SIG puede convertirse entonces en una superficie de encuentro entre conocimientos técnicos y conocimientos territoriales.

Conclusión

El principal valor comunicativo de un Sistema de Información Geográfica no consiste únicamente en producir mapas. Consiste en permitir que una comprensión individual o especializada del territorio pueda convertirse en una comprensión compartida.

Las personas interpretan el espacio de manera diferente. Algunas comprenden rápidamente planos, coordenadas y modelos; otras necesitan referencias visuales, relatos, imágenes o relaciones con lugares conocidos.

Los SIG permiten conectar esas formas de comprensión. Pueden mantener el rigor técnico de una medición y, al mismo tiempo, presentar sus implicaciones mediante un lenguaje accesible.

En los proyectos de ingeniería, ayudan a explicar por qué una obra se ubica en determinado lugar, qué relaciones territoriales presenta y a quién podría afectar.

En la gestión predial, permiten vincular documentos, geometrías, ocupaciones y restricciones, sin sustituir los procedimientos jurídicos.

En la participación pública, pueden convertir al ciudadano en un observador activo capaz de explorar el territorio y formular preguntas.

Un SIG no reemplaza el conocimiento especializado ni garantiza por sí mismo una buena decisión. Su aporte consiste en hacer visible, examinable y discutible una realidad espacial que, de otro modo, podría permanecer encerrada en informes, coordenadas o representaciones mentales.

Cuando esa traducción se realiza con rigor, claridad y transparencia, la geoinformación deja de ser patrimonio exclusivo de los especialistas y se convierte en una herramienta de comprensión colectiva.

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